
Dejamos la anterior entrega con algunas de las dificultades que encontraba la ciencia para explicar, mediante un método térmico, la extraordinaria superelasticidad del Dr. Richards. Y lo eso no era lo peor, porque la cosa no quedaba ahí. Existen otras limitaciones físicas.
Para empezar todos sabemos que los cuerpos aumentan su tamaño, se dilatan, cuando aumenta su temperatura, cuando se calientan ¿Qué magnitudes y leyes físicas intervienen en este proceso? Pues depende.
En gases y líquidos, se suele usar el coeficiente de dilatación volumétrico (αV), que se obtiene comparando el valor de dicha magnitud antes y después de cierto cambio de temperatura; viene dado por la expresión:

En el caso de los sólidos, se suele usar el coeficiente de dilatación lineal (αL ) que, para una dimensión lineal cualquiera vale:

Para la mayoría de sólidos, en las situaciones prácticas de interés, el coeficiente de dilatación volumétrico resulta ser más o menos el triple del coeficiente de dilatación lineal:

¿Tenemos entonces una explicación termodinámica para las deformaciones de Mr. Fantástico? Pues va a ser que no. Basta realizar unos cálculos para darnos cuenta de ello.
Pero antes nos queda por conocer un detalle más de este fenómeno. En el tamaño final de un cuerpo dilatado influyen:
a) el tamaño inicial,
b) el coeficiente de dilatación y
c) la variación de temperatura que experimente. De modo que a igualdad de estos dos últimos, los cuerpos se dilatan tanto más, cuanto mayor es su tamaño inicial. Por ejemplo, la longitud que adquirirá un cuerpo viene dada por la expresión:

donde: α es el coeficiente de dilatación lineal; L0 es la longitud inicial; L es la longitud final; T0 es la temperatura inicial; y T es la temperatura final.
Echando números, a una barra de hierro de medio metro (0,5 m) que se encontrara a quince grados Celsius (15 ºC), deberíamos calentarla hasta los 84.000 ºC, para que su longitud fuera de ¡un metro 1 m)! Así que nuestro Dr Richards, que se estira kilómetros, la temperatura a la que se tendría que poner sería... Bueno mejor ni la calculamos. No sobreviviría.
¿Cómo logra elevar su propia temperatura?
¿A través de que procedimiento?
¿Dónde está el foco que aporta la energía necesaria?
¿Qué tipo de energía es?
¿Bajo que forma se presenta?
Demasiadas preguntas sin respuestas como para poder aceptar, desde el punto de vista de la ciencia, a este maleable superpoder. Mala ciencia-ficción, en definitiva. Y precisamente en uno de los más inteligentes y científicamente preparados de los superhéroes. Quien lo hubiera dicho y pensado de la Marvel. Lamentable pero es así. Estas cosas pasan.
Les decía uno de los más, porque se me ha venido a la memoria el genial ingeniero electrónico Tony Stark y su ‘alter ego’, el “armado” superhéroe Iron Man. Al que habrá que dedicarle pronto un ‘ciencia y cine’, dado lo inminente que está su estreno cinematográfico. Otro marveliano superhéroe en pantalla.
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Para empezar todos sabemos que los cuerpos aumentan su tamaño, se dilatan, cuando aumenta su temperatura, cuando se calientan ¿Qué magnitudes y leyes físicas intervienen en este proceso? Pues depende.
Un coeficiente para cada estado
En gases y líquidos, se suele usar el coeficiente de dilatación volumétrico (αV), que se obtiene comparando el valor de dicha magnitud antes y después de cierto cambio de temperatura; viene dado por la expresión:

En el caso de los sólidos, se suele usar el coeficiente de dilatación lineal (αL ) que, para una dimensión lineal cualquiera vale:

Para la mayoría de sólidos, en las situaciones prácticas de interés, el coeficiente de dilatación volumétrico resulta ser más o menos el triple del coeficiente de dilatación lineal:

¿Tenemos entonces una explicación termodinámica para las deformaciones de Mr. Fantástico? Pues va a ser que no. Basta realizar unos cálculos para darnos cuenta de ello.
Una dilatación imposible
Pero antes nos queda por conocer un detalle más de este fenómeno. En el tamaño final de un cuerpo dilatado influyen:a) el tamaño inicial,
b) el coeficiente de dilatación y
c) la variación de temperatura que experimente. De modo que a igualdad de estos dos últimos, los cuerpos se dilatan tanto más, cuanto mayor es su tamaño inicial. Por ejemplo, la longitud que adquirirá un cuerpo viene dada por la expresión:

donde: α es el coeficiente de dilatación lineal; L0 es la longitud inicial; L es la longitud final; T0 es la temperatura inicial; y T es la temperatura final.
Echando números, a una barra de hierro de medio metro (0,5 m) que se encontrara a quince grados Celsius (15 ºC), deberíamos calentarla hasta los 84.000 ºC, para que su longitud fuera de ¡un metro 1 m)! Así que nuestro Dr Richards, que se estira kilómetros, la temperatura a la que se tendría que poner sería... Bueno mejor ni la calculamos. No sobreviviría.
Preguntas sin respuesta
¿Cómo logra elevar su propia temperatura?¿A través de que procedimiento?
¿Dónde está el foco que aporta la energía necesaria?
¿Qué tipo de energía es?
¿Bajo que forma se presenta?
Demasiadas preguntas sin respuestas como para poder aceptar, desde el punto de vista de la ciencia, a este maleable superpoder. Mala ciencia-ficción, en definitiva. Y precisamente en uno de los más inteligentes y científicamente preparados de los superhéroes. Quien lo hubiera dicho y pensado de la Marvel. Lamentable pero es así. Estas cosas pasan.
Les decía uno de los más, porque se me ha venido a la memoria el genial ingeniero electrónico Tony Stark y su ‘alter ego’, el “armado” superhéroe Iron Man. Al que habrá que dedicarle pronto un ‘ciencia y cine’, dado lo inminente que está su estreno cinematográfico. Otro marveliano superhéroe en pantalla.








Diferencias fundamentales a tener en cuenta, a la hora de predecir el comportamiento de un material, frente a una variación de temperatura. Además nos queda por averiguar si este valor del coeficiente, es lo suficientemente pequeño como para que, 
E : módulo de elasticidad (en este caso longitudinal) del material.
1) Cada material tiene su propio valor de módulo y, siempre que apliquemos una fuerza por debajo del mismo, experimentará una
Se ven venir. Y es que el cuerpo humano está formado de diversos materiales, cada uno con un valor de módulo elástico. Y así, para una determinada tracción, se podrían estar estirando los músculos del antebrazo, por ejemplo, pero no sus huesos cúbito y radio. Por lo que habría una parte del mismo que no tendría hueso en su interior, quedando flácido y por tanto inservible. Y lo que es peor, cuando al aumentar la tracción el hueso se estirara también, lo más probable es que se superara el módulo de elasticidad de los músculos. Lo que significaría que, una vez suspendida la tracción, ya no se contraerían y el Dr. Reed andaría por ahí, de por vida, con unos antebrazos kilométricos casi sin huesos, que sí se habrían contraído. Todo un problema de languidez.
Dos. Consecuencia directa de las fuerzas necesarias para estirarlos. Por ejemplo. El fémur necesita una tracción de 16 000 millones de pascales para duplicar su longitud; un valor considerable pues es, aproximadamente, la décima parte de la presión que existe en el centro de la Tierra. Demasiado. O la aorta, que necesita una tracción de 0,79 millones de pascales para duplicar su longitud; lo que no está nada mal, si consideramos que es la misma que se experimenta a 70 m de profundidad en el océano. Excesiva.
Son los adjetivos con los que podrían resumirse los nuevos poderes de nuestro singular equipo. Los adquirieron después de que el cohete experimental en el que viajaban, atravesara una tormenta de rayos cósmicos en su vuelo de prueba. La intensa radiación alteró drásticamente sus cuerpos, dotándolos de superpoderes. El equipo de vuelo lo formaban:






