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domingo, 15 de abril de 2007


Ciencia y Cine: Hollywoodland (y II)

(Continuación). Como al personaje público, a nuestro hombre, en lo privado, tampoco tardaron en presentárseles las penumbras. Ya un año antes de empezar a trabajar en Superman, Reeves, había empezado a salir con una mujer casada, Toni Mannix. Siete años mayor que él y esposa de Eddie Mannix, uno de los vicepresidentes de la Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), relacionado con la mafia. Eran dos secretos a voces, el adúltero y el mafioso, bien conocidos y mejor silenciados. Un asunto delicado.


No obstante, el triángulo amoroso marchaba sin tropiezos. Al menos hasta que en un viaje a Nueva York, en 1958, Reeves conoció a Leonore Lemmon, una joven de la alta sociedad, conocida por su fuerte temperamento y desmedida afición por las fiestas. El amor prendió en la pareja y pronto, Leonore, se mudó a California para vivir junto a su Hombre de Acero. A partir de entonces Reeves empezó a vivir un calvario. Recibía continuas llamadas anónimas, de día y de noche. Le mataron a su perro Sam. En abril de 1959, conduciendo su Jaguar perdió el control y chocó contra un poste; un mecánico declaró que el freno había sido manipulado. Mal asunto.

16 junio de 1959

Fue el día en el que murió el actor. A la 1:59 horas de ese día, la policía recibió una llamada desde el 1579 de la calle Benedict Canyon, en Los Ángeles. En la planta baja se estaba celebrando una fiesta y los invitados llamaban para avisar de que, el anfitrión, se había suicidado en la planta alta. Pero no se trataba de un suicidio más. La victima era George Reeves, Superman. Según contaron se había acostado pronto pero, molesto por el ruido, bajó para pedir algo de silencio. Luego subió y, ya en su dormitorio, se pegó un tiro.

Estos son los hechos tal como los contó Leonore. De esta bala no se libró Reeves. Tras el análisis forense, la policía declaró que había sido un suicidio. En su tercer intento sí había logrado quitarse la vida. Tenía 45 años. La causa del supuesto suicidio bien pudo ser el declive de su carrera y el encasillamiento en el papel de Superman. Una prueba de esto último la dan los titulares que, tras su muerte, decían: “Superman ha muerto” y no “George Reeves ha muerto”. La paradójica mortalidad de un personaje inmortal. Es lo único que impactó a millones de personas. Pobre George.

Sombras de dudas

Sin embargo la investigación policial ofrece puntos poco claros. A saber. La mayoría de los suicidios no se producen en casas llenas de gente. El actor fue encontrado desnudo, de espaldas. No hubo manchas de pólvora en la sien, lo que sugiere que el disparo se efectuó a cierta distancia. Las huellas dactilares de Reeves tampoco fueron encontradas en el arma. Y, por si fuera poco, la policía descubrió moretones en todo el cuerpo. Además la autopsia reveló que había muerto a las 1:15. Hasta las 1:59 que llamaron los invitados ¿qué pasó?

Por último, una versión no confirmada asegura que, unos días después, la policía halló dos orificios de bala en la moqueta que cubría el suelo donde fue encontrado el cadáver. Se habían producido con la misma arma que había matado a Reeves, una Luger automática. Una de las balas había atravesado el suelo y estaba alojada en el revestimiento del salón, en el piso inferior. La otra se encontró en una viga del techo. Pero en el dormitorio sólo se encontró un casquillo. Demasiadas preguntas sin respuestas ¿Fue un suicidio?

Otras versiones

La madre de George se negó a aceptar la versión policial. Mantuvo el cuerpo de su hijo en una cripta temporal durante ocho meses, a la espera de que un investigador privado encontrara alguna evidencia nueva. Pero nada. Ni que decir, que la muerte del actor desató la imaginación de la gente. Sus amigos sostenían que fue asesinado por orden de Eddie Mannix, por la infidelidad de su mujer. Otros decían que fue la propia Toni quien, presa de los celos, contrató a un matón para que lo liquidara. Incluso algunos acusaron a la propia Leonore de haber sido la autora del disparo (o disparos) en un ataque de furia. Él se negaba a casarse con ella ¿Asesinato o suicidio? Enigma.


Lo cierto es que, al final, los cuernos o la depresión pudieron más que la kriptonita y que, casi cincuenta años después, no parece que podamos saber algo más sobre esta tragedia. Cuando la ciencia no puede investigar, sólo de conjeturas se puede hablar.Sin comentario la ridícula idea acerca de una pretendida maldición de Superman, al estilo de la de Tutankamón. Otra memez paranormal que intenta relacionar el parecido de los apellidos de los actores, Reeves y Reeve, y sus trágicas muertes. O los supuestos extraños fallecimientos de otros actores de las distintas versiones radiofónicas, televisivas y cinematográficas del personaje, que en el tiempo han existido. Beocias de magufos. Fraudes de desalmados. Negocios de vividores de la credulidad humana. Ya saben, ficción.

Lo único real de todo es que, en el cementerio de Pasadena (California) hay una urna con un epitafio sencillo y conmovedor: “Para mi querido hijo: Superman”. La mandó inscribir su madre. Dentro están las cenizas de Reeves. A su lado, ahora, reposan las de ella. Amor de madre. Único.


Escrito por Carlos Roque Sánchez croque@supercable.es

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domingo, 1 de abril de 2007


Ciencia y Cine: Hollywoodland (I)

A medio camino entre el misterio y el thriller, la ficción de la película trata sobre la resolución policial de un sucedido real. La muerte del actor George Reeves, que interpretó al primer Superman televisivo, allá por los años 50. Un análisis de los problemas que suscitan la fama pública y la identidad privada en los actores. Un trágico e intrincado argumento en el que se mezclan el poder de los estudios cinematográficos, la ambición personal de sus magnates, el deseo de actrices y actores de convertirse en estrellas y, claro, la lascivia de todos. En definitiva, Hollywood en estado puro.

George Reeves, Superman

Si bien las aventuras de El Hombre de Acero ya eran conocidas del público estadounidense, a través de la radio (de 1940 a 1951) y el cine (17 cortometrajes animados y dos seriales), no fue hasta la aparición de la televisión, cuando el superhéroe caló de forma masiva en el público. Desde que se empezó a emitir la serie Adventures of Superman, en septiembre de 1952, el éxito fue inmediato.

En lo público, Superman, el superhéroe, triunfó. Todo eran luces. Se convirtió en una cita obligada para millones de niños y catapultó a su protagonista, George Reeves, a la categoría de estrella. Los focos hollywoodenses le iluminaban. Hasta la emisión del último capítulo, en abril de 1958, llegó a grabar 104. Un número considerable que se convierte en espectacular, si tenemos en cuenta que hay que sumarle los episodios anteriores que, de manera simultánea, la cadena “ABC” reponía diariamente. Un factor que atraía a nuevos telespectadores, encantados de ver las hazañas del lumínico superhéroe Superman, por un lado, y las patosidades de su “alter ego”, el periodista Clark Kent, por otro. Superman, un icono de “la verdad, la justicia y el estilo de vida americano”. En fin, ya saben del infantilismo estadounidense.

George Reeves, actor

Pero para el actor, no todo eran luces. Muy pronto aparecieron los claroscuros profesionales. Por ejemplo, el contrato televisivo le impedía aceptar otro papel mientras la teleserie estuviese en antena. Un condicionante temporal que ralentizó su carrera como actor. Y eso no fue lo peor. El público cinematográfico no aceptó verle en otro papel, que no fuera el de Superman. Lo que terminó por encasillarlo. Una circunstancia que, la mayoría de las veces, acaba siendo un freno definitivo para un actor. Que fue lo que pasó en nuestro caso. El luminoso éxito como superhéroe se terminó convirtiendo en una oscura condena interpretativa.

Tan oscura que, ya en lo personal, pronto se transformó en penumbras. Entre otras tenía prohibido fumar en público, para no empañar la imagen del superhéroe. Cualquier fumador sabe lo que eso significa. Irritante. Ni ser visto con ninguna de sus novias (los fans pensaban que la única mujer en su vida era Lois Lane). Inhumano. Es más, a veces, cuando iba por la calle, los niños trataban de pegarle patadas en la espinilla para ver si realmente era invulnerable. Humillante. Y así un largo etcétera de prohibiciones e indignidades. Claroscuros personales.


George Reeves, personaje público

Para el personaje público, tampoco eran buenos tiempos. Al no ser contratado para ningún otro papel, su fama como actor disminuyó y con ella su autoestima como hombre. En cierta ocasión sufrió un accidente de coche y, debido a la fuerte conmoción, se desmayó del susto. Una reacción humana, pero no supermánica. Así lo quisieron entender los titulares de los periódicos que se cebaron con él: “Superman se desmaya a la vista de su propia sangre”. Deber informativo y periodismo canalla. Un peligroso binomio. De siempre, la prensa del corazón ha existido. Lo cierto es que con el tiempo, el público no sólo lo ignoró sino que lo denigró. Como es el que paga, puede. Eso dicen, al menos. Aunque todo tiene un límite.

Una noche, en plena calle, fue abordado por un individuo que le apuntó con una pistola. Estaba decidido a pegarle un tiro, para ver si la bala rebotaba. Quería saber si era de verdad Superman. Por suerte, George le convenció de que lo era. Pero que no debía disparar pues la bala, al rebotar sobre él, podría herir a cualquiera. Así se libró de una muerte segura. Pero no de caer en una profunda depresión. Le hundieron la frustración y la tristeza. No se conformaba con ser, sólo, Superman. Qué ironía. El personaje no se sentía valorado. Le diagnosticaron trastorno mental y pasó por dos intentos de suicidio. (Continuará)

Escrito por Carlos Roque Sánchez croque@supercable.es

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sábado, 18 de noviembre de 2006


Ciencia y Cine: Superman (6)

De la kriptonita del cómic

Se trata de un material ficticio, que representa el talón de Aquiles de nuestro superhéroe. Desde el principio, sus “padres literarios” tuvieron claro que los poderes no podían ser ilimitados. Si no, qué iban a hacer los malhechores frente a él. Nada. No habría uno que le durara más de dos viñetas, menos una aventura y, menos aún, una saga aventurera de casi cincuenta años ya. Por eso se inventaron la kriptonita.

Lo que no llegaron a tener claro es si, desde el punto de vista científico, se trata de un mineral, un compuesto químico o una sustancia simple (que no son lo mismo, aunque parezcan igual). O, al menos, si lo tuvieron claro, no se han dignado aclararlo en todo este tiempo. Por lo que lo desconocemos. Lo que sí sabemos es que procede de la explosión del planeta Kryptón y que tiene unas peligrosas propiedades radiactivas. Son sus radiaciones, precisamente, lo único a lo que Superman es vulnerable, pudiendo incluso llegar a matarlo, si el tiempo de exposición era lo suficientemente largo. Precaución.

Conviene resaltar que esta radiactividad, en contra del parecer general, no es selectiva. No afecta sólo al superhéroe. Todos los kriptonianos y, también, los terrícolas sufren sus perjudiciales efectos. Lex Luthor perdió su mano (la derecha, creo recordar) por los efectos de la radiactividad que generaba un anillo que llevaba puesto, qué paradoja, para mantener alejado a Superman. Bueno, poco más que decir de ella, salvo que he contabilizado hasta diez (10) tipos de kriptonitas diferentes, por su color y efectos. Desde la verde, la más común, hasta la carmesí, pasando por la roja, la lenta, la dorada, la sinética, la azul, la plateada, etc.

Al kriptón científico
Éste sí es un material real. Se trata de una sustancia simple química de fórmula Kr (g). Un gas incoloro, inodoro e insípido, de bajo poder radiactivo y que se encuentra en nuestra atmósfera en un muy bajo porcentaje, donde fue descubierto en 1898. Su nombre proviene del griego kryptós (oculto), dado lo difícil que resultó su identificación en la atmósfera, por su rareza.

También se encontró como uno de los productos de las reacciones de fisión nuclear del uranio, U (s), que se realizaron a partir de los años treinta del siglo pasado, en plena Era Nuclear (véase CyC: “¿Quién mató a John Wayne, I y II”). Este redescubrimiento científico de la sustancia, junto a su exótico nombre, pudo ser la causa de que los creadores del superhéroe se fijaran en él, para dar nombre al planeta de Kal-El y a su radiactivo material.

Pero en realidad, y a efectos prácticos, la sustancia kriptón es un gas inerte que tiene múltiples y beneficiosas aplicaciones: está en el interior de nuestras lámparas fluorescentes; forma parte de los sistemas de iluminación de los aeropuertos, por su elevado alcance; se emplea en las lámparas incandescentes de los proyectores de cine; el láser de Kr se usa en medicina para cirugía de la retina del ojo, etc. Como ven, nada que ver con la maldita kriptonita. De la realidad a la fantasía. (Continuará)

Escrito por Carlos Roque Sánchez(croque@supercable.es)
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domingo, 29 de octubre de 2006


Ciencia y Cine: Superman (5)

Más ciencia para Superman


A todos nos resultan familiares las impactantes escenas de astronautas moviéndose en la Luna o “flotando” ingrávidos en una estación espacial. A primera vista, la realidad de ambos fenómenos físicos parecen credibilidad científica, a la imaginaria existencia de los superhéroes y sus milagrosos prodigios sobrehumanos. No obstante, por desgracia, sólo lo parece. Lo cierto es que, la visión que tiene la ciencia es más bien escéptica, en lo que respecta al mundo de los superhéroes. No niega su posible existencia, pero sí la considera muy improbable. No en vano, son varios los principios, teorías y leyes científicas que violan con sus hazañas. Veamos.

Como en la Luna


Si nos fijamos en la primera de las escenas del principio observamos que, en ellas, los astronautas son capaces de dar saltos enormes sin impulso apenas, o de sostener objetos densos sin gran esfuerzo. Una prueba evidente de que la gravedad lunar es mucho menor que la terrestre (aproximadamente una sexta parte) y un aparente argumento científico a favor de Superman. Que sería como un astronauta en la Luna pero con más energía. No obstante, siendo cuidadoso en la observación, caemos en la cuenta de que los astronautas no andan sobre la Luna. No pueden hacerlo, dada la baja gravedad lunar. Por poco que levanten un pie para andar, este hecho se convierte en todo un pequeño salto. Así que avanzan a saltitos, que es como los vemos, brincando de un sitio a otro. Y que es como Superman debería moverse en la Tierra. Cosa que no hace, pues lo vemos caminar.



Sometido a la ingravidez

Respecto a la segunda escena, de todos es sabido que la ingravidez termina debilitando el cuerpo, dado que es necesario hacer sólo un mínimo esfuerzo para llevar a cabo cualquier actividad. Es esta falta de ejercicio la que hace que la masa muscular de los astronautas disminuya y que, éstos, vuelvan debilitados después de una salida espacial, como bien sabemos. Pues bien, si los efectos son apreciables en los seres humanos, al verse sometidos a unos valores de gravedad inferiores a los terrestres, en estas estancias que tan sólo duran unas semanas, qué debilitamiento no tendría que haber experimentado nuestro Superman, que lleva años fuera de Krypton. Tendría que haber perdido su masa muscular ya en la adolescencia y, por ende, con ella su superfuerza. Algo que, como en sus andares, tampoco pasa. Nada más que hay que ver su musculado cuerpo de adulto.



Como se puede ver, estudiado con un mínimo de rigor, la ciencia hace muy improbable no sólo la existencia de organismos vivos [cyc08: Superman (4)], tipo humanoide, en Kryptón, sino el valor de la fuerza supermánica que el cómic otorga a nuestro héroe en la Tierra. Ciencia y superhéroes no parecen compatibles. (Continuará)

Escrito por Carlos Roque Sánchez(croque@supercable.es)

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jueves, 12 de octubre de 2006


Ciencia y Cine: Superman (4)

La superfuerza del héroe

Todos tenemos grabado en nuestra retina la escena del pequeño y sonriente Clark, sosteniendo con sus manos la camioneta y salvando la vida de su asombrado y asustado padre adoptivo. Sabemos, o creemos saber, cual es la razón de tan extraordinaria acción: la gravedad del planeta Kryptón. Unas 14 veces superior a la de la Tierra [cyc04: Superman(2)], lo que conferiría a Superman su fuerza sobrehumana. Todo parece estar claro desde el punto de vista científico, sin embargo, hay bastantes flecos escépticos que recoger. Por ejemplo.

El niño y el camión

Es cierto que, debido a esa diferencia de gravedad planetaria, la masa que el pequeño kryptoniano podría levantar sería, del orden de, unas 14 veces superior a la de cualquier niño terrestre. También lo es el hecho de que, dada la edad en la que transcurre la escena, aquella bien podría ser de unos 10 kg (se trata de un niño de 4 o 5 años). Ambas circunstancias juntas nos dan, para el infante Clark, una fuerza capaz de levantar, alrededor de, 140 kg de masa. Una superfuerza a considerar, sin duda, pero insuficiente para levantar a la vieja camioneta que debía pesar, a ojo de buen cubero, más de dos toneladas. Un grueso error de cálculo.
Por otro lado, para que un cuerpo pueda sostener a otro, ha de tener de masa corporal un porcentaje de la del cuerpo que sostiene. Considerando que éste fuera del 75% y dado que el camión tiene más de dos toneladas, a pesar de la ventaja gravitatoria debida al cambio de planeta, nos darían unos 105 kg de masa para un niño de 4 años. Demasiado gordo tal vez ¿Cómo aguantaba la sillita donde se sentaba? ¿Qué decir de la cuna? Y lo que es peor, ¿qué nefastas consecuencias se derivarían de tal masa corporal para sus, humanas no lo olvidemos, estructuras ósea y muscular e, incluso, órganos internos? Es improbable que lograra vivir con semejante sobrepeso y, mucho menos que, además, tuviera superpoderes. Muy improbable. Otro sí, retrocediendo en el tiempo, ¿cómo pudo sobrevivir el neonato Kal-el en su planeta natal, donde la gravedad era 14 veces superior y, por tanto, catorce veces más pesado? Imposible, no hay cuerpo que lo aguante.(Continuará)

Escrito por Carlos Roque Sánchez(croque@supercable.es)

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martes, 19 de septiembre de 2006


Ciencia y Cine: Superman (3)

Rumbo a la Tierra

El propio Jor-El, padre de Superman, nos dice en el relato dónde se encuentra Kryptón y la astronómica distancia que tendrá que recorrer su hijo Kal-El, futuro Superman, hasta llegar a la Tierra. Y no está, precisamente, a la vuelta de la esquina, pues ha de atravesar, nada más y nada menos, que seis (6) galaxias. Si consideramos ciertos datos cosmológicos, como el tamaño de las galaxias y la distancia entre ellas; algunas consideraciones de física relativista, como el límite de la velocidad de la luz (unos 300 000 km/s), la dilatación del tiempo a velocidades cercanas a la misma y los años que parece tener Superman al llegar a la Tierra; y las últimas aportaciones termodinámicas sobre el supuesto mecanismo criogénico que debe llevar la nave, para congelar a su ocupante y sumergirlo en hibernación. Teniendo en cuenta todos estos considerandos, lo cierto es que se obtienen unos resultados más bien sorprendentes. Uno de ellos, la duración del viaje. No en vano Kryptón está a tres millones de años-luz de la Tierra, lo que hace que, para un observador externo a la nave, aquél sea de, prácticamente, unos 10 millones de años. Algo humanamente inabordable desde el punto de vista temporal y que plantea dos grandes interrogantes: ¿Cómo sabía Jor-El qué especie animal poblaría la Tierra cuando su hijo llegara, estando tan, tan lejos? ¿Cómo llegó Superman tan niño a la Tierra, después de estar tantos, tantos años viajando?

Rappeliana premonición

Todos sabemos que la luz proveniente del Sol tarda unos ocho minutos en llegar hasta nosotros, no es instantánea aunque sí lo más rápido que se conoce en el universo conocido. Es decir, que cuando el sabio científico Jor-El enfocó su telescopio hacia la Tierra, lo que pudo contemplar fue el aspecto que tenía el planeta tres millones de años atrás, que es lo que había tardado la luz en llegar hasta al telescopio. Y claro, por esos tiempos no existía, todavía, ninguna civilización humana, por la sencilla razón de que no existíamos los seres humanos como tal. Como mucho, unos primates terrestres de los que surgirían los homínidos y de entre éstos, al final, los Cromagnon que prevalecerían ante los Neanderthal. Un camino evolutivo entre millones posibles.

¿Cómo supo Jor-El la dirección que tomaría, algo tan aleatorio como, la evolución de las especies? No se sabe. Pero, desde mi punto de vista, hay una explicación. Más que una genialidad científica, lo que este buen hombre tuvo fue una premonición esotérica. Una visualización tipo Rappel que le puso en aviso sobre la supremacía humana (como los kryptonianos, qué suerte) en el planeta Tierra, para cuando su hijo arribara, precisamente, en Smallville, EEUU de América, allá por los años treinta. Qué puntería, oiga.

Deformación espacial o hiperespacio

En lo que respecta a una explicación científica del tema del transporte intergaláctico, como puede imaginar, tampoco faltan dificultades y problemas. Casi mejor tirar de algunas de esas Cosmogonías del Futuro elaboradas por la ciencia ficción. Es un asunto de complejidad casi insuperable, a menos que se encuentre algún truco pseudotecnocientífico para solventarlo. Hablo de buena ciencia ficción, muy lejos del patético e ikerizado Cuarto Milenio (tito tatin totin totin).

Y lo bueno es que existe un truco, uno además bueno. Una solución incorporada desde hace tiempo a las convenciones implícitas de la ciencia ficción, que es todo un clásico: el hiperespacio. Un tipo distinto de espacio en el que las naves pueden tomar una especie de atajo, para ir de un punto a otro del espacio normal, tardando por tanto menos. Un atajo que se produce porque este hiperespacio tiene más dimensiones, por lo que puede ser “doblado”. De modo que, dos puntos distantes en nuestro espacio tridimensional resultan ahora cercanos en éste por ser un espacio tetradimensional. Nos puede servir de modelo comprensivo para este atajo espacial del hiperespacio, el acercamiento que experimentan los vértices opuestos de un folio -separados por su diagonal cuando está extendido (espacio normal)- si los aproximamos, disminuyendo la distancia entre ellos (hiperespacio). (Continuará)

Escrito por Carlos Roque Sánchez(croque@supercable.es)

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sábado, 2 de septiembre de 2006


Ciencia y Cine: Superman (2)

Los comienzos

Aunque el concepto de superhéroe empezó a gestarse en series realistas y pulp magazines estadounidenses a finales de los años 20, por tradición, se tiende a considerar a Superman como el primero y, probablemente, más conocido de todos los superhéroes. Imaginado por Jerry Siegel y dibujado por Joe Shuster, a Superman se le vio por vez primera, surcar los cielos y capturar malhechores y criminales en 1938, en el nº 1 de Action Comic, una revista de Editorial D.C. Comic.

Debido a su espectacular éxito, pronto pasó a otros medios: radio, dibujos animados, serie de televisión, cine, musicales de Broadway. Todos servían para la mayor gloria del Hombre de Acero y su imperturbable rizo en la frente. Como sabemos, el espaldarazo definitivo le vino de la mano de la versión cinematográfica de 1978, de título Superman, dirigida por Richard Donner, con guión de Mario Puzo y protagonizada por Christopher Reeve.

Su historia la conocemos todos. Natural del planeta Krypton, amenazado con su destrucción por una catástrofe cósmica-gravitatoria, es enviado por sus padres a la Tierra. A su llegada, el único sobreviviente kryptoniano es adoptado por una familia de granjeros, que le proporcionan su identidad terrestre. Ya adulto marcha hacia Metrópolis, metáfora de Nueva York, donde se incorpora como periodista al Daily Planet. Pero ...

¿Por qué estalló Krypton?


Al parecer, según cuentan, se trataba de un planeta con una gravedad mucho más intensa que la de la Tierra. Una característica que bien podría explicar su inestabilidad geológica y posterior explosión. Un fenómeno físico que, a la luz de los datos disponibles en el propio cómic, tendría justificación científica. Veamos.

De la supermánica capacidad para saltar enormes edificios, sin necesidad de tomar impulso, se puede deducir que Kryton pudo ser un planeta del tamaño de Júpiter, con una superficie en estado sólido y un campo gravitatorio del orden de unas catorce veces superior al terrestre, g(K) = 14 g(T). Es decir, de un cuerpo celeste que podría existir en alguna galaxia. No hay ninguna razón física para negarlo a priori. Quizás una estrella neutrón, con su núcleo extremadamente denso, podría ser su origen astronómico. Quien sabe. De modo que, aceptada la fantasía, no hay motivos científicos para negar la explosión kryptoniana. Es lo que tiene la ciencia, que prefiere lo improbable a lo imposible. (Continuará)

Escrito por Carlos Roque Sánchez(croque@supercable.es)
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viernes, 25 de agosto de 2006


Ciencia y Cine: Superman (1)

¿Es un pájaro?, ¿es un avión? No ¡es Superman! Un personaje de ficción dotado de unos poderes sobrehumanos que superan, con mucho, a los de los míticos héroes clásicos. El primer superhéroe moderno de una larga serie made in EEUU que, como todos los seres mitológicos, tiene una parte humana, vulnerable, mortal y otra parte divina, invulnerable, eterna. Y claro no carece, no podía ser de otra forma, de su particular y kryptoniano talón de aquiles. Superman tiene algunas de las sorprendentes peculiaridades que suelen compartir estos héroes estadounidenses, a saber.

Un origen anómalo, en este caso extraterrestre. Su naturaleza no es humana, si bien su aspecto es humanoide. Lo que no deja de ser extraño, sobre todo, por improbable. Dada la inmensa variedad de formas que adopta la vida animal en la Tierra, es muy sospechoso que, en un remoto planeta, la especie inteligente sea también humanoide. Raro. Pero es que no queda ahí la cosa. Sus rasgos anatómicos están muy próximos a la perfección grecolatina, y esto, es más que muy sospechoso. Muy raro. En fin.

Ni que decirles que Superman tiene un alter ego. Su doble personalidad como Clark Kent, que le posibilita el anonimato. El desdoble lo consigue utilizando un espectacular ropaje con el que, no sólo oculta su identidad sino que, se identifica como superhéroe. Pero hay que aclarar que esta característica es exclusiva de Superman. Lo hace único. Él no es como Peter Parker, una persona que se disfraza del personaje Spiderman, con la cara cubierta para no ser reconocido. En su caso, la persona Superman es la que se disfraza del personaje de Clark Kent, para que no lo identifiquen. La verdadera ropa de Superman está confeccionada con la telas que lo envolvieron, de pequeño, en la nave que lo trajo a la Tierra; el disfraz lo forman el traje de chaqueta, el sombrero, las gafas, etc, con las que pretende pasar como uno más de nosotros. Aquí hay que reconocer que la situación no está muy bien resuelta. No parece que las gafas y el aire tímido que se gasta Clark, sean suficientes para ocultar la personalidad de Superman. Pero bueno.

Por último, como buen superhéroe que se precie, Superman tiene una crística misión en la Tierra. Está en continua vigilancia por la paz y el orden. Sólo que, tan meritoria labor, por desgracia, tiene una repercusión muy local y escasa en la Humanidad; está por ver que haya evitado la propagación mundial de una terrible enfermedad, acabado con una guerra o eliminado el hambre en alguna parte. Tareas supermánicas que serían muy de agradecer para los simple humanos. (Continuará)

Escrito por Carlos Roque Sánchez(croque@supercable.es)
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